miércoles, 24 de abril de 2013

EXTRA ECCLESIAM NULLA SALUS, NAM JESUS CHRISTUS NOSTRA SALUS. EXTRACTOS DE LA HOMILÍA DEL SANTO PADRE EN LA CELEBRACIÓN DE SU SANTO



 Procesión de entrada de la misa celebrada en la Capilla Paulina con los Cardenales residentes en Roma con motivo de la onomástico del Papa. El Santo Padre utiliza la férula de Benedicto XVI.
 Momento de la homilía del Santo Padre. 
Entrega de una tarta al Santo Padre.

"Y Él vio, y vio que las cosas iban bien. Y así la Iglesia es Madre, Madre de más hijos, de muchos más hijos. Se convierte en Madre, Madre, Madre cada vez más. Madre que nos da la fe, la Madre que nos da una identidad. Pero la identidad cristiana no es una tarjeta de identidad: la identidad cristiana es la pertenencia a la Iglesia, porque todos ellos pertenecían a la Iglesia, a la Iglesia Madre. Porque, encontrar a Jesús fuera de la Iglesia no es posible. El gran Papa Pablo VI dijo: "Es una dicotomía absurda, querer vivir con Jesús sin la Iglesia, seguir a Jesús fuera de la Iglesia, amar a Jesús sin la Iglesia". Y la Iglesia Madre que nos da Jesús nos da la identidad que no es sólo un sello: es una pertenencia. Identidad significa pertenencia. ¡Pertenecer a la Iglesia, esto es hermoso!"
"Cuando llegó y vio la gracia de Dios, se alegró": Éste es el gozo del evangelizador. Y como decía Pablo VI, "es la alegría dulce y reconfortante de la evangelización." Y esta alegría empieza con una persecución, con una gran tristeza, y termina con alegría. Y así, la Iglesia sigue adelante, dice un santo - no me acuerdo ahora quien - "entre las persecuciones del mundo y los consuelos del Señor”. 
“Así es la vida de la Iglesia. Si queremos ir un poco por el camino mundano, de la negociación con el mundo, como hacían los Macabeos, -ha dicho el Papa- nunca tendremos el consuelo del Señor”. Si buscamos solo el consuelo, será un consuelo superficial, no el del Señor, que es un consuelo humano. 
La Iglesia siempre va entre la Cruz y la Resurrección, entre las persecuciones y los consuelos del Señor. Y éste es el camino: quien va por este camino no se equivoca. Pensemos hoy en la actividad misionera de la Iglesia: ellos salieron de sí mismo para evangelizar. Incluso aquellos que tuvieron el coraje de proclamar a Jesús a los griegos, una cosa casi escandalosa en aquel momento. Pensemos en esta Madre Iglesia que crece, crece con nuevos hijos a los que se da la identidad de la fe, porque no se puede creer en Jesús sin la Iglesia.
Extractos de la homilía en el día de San Jorge, 23 de abril de 2013

23 de abril de 2013

23 DE ABRIL. SAN JORGE


San Jorge, mártir, cuyo glorioso combate, que tuvo lugar en Dióspolis o Lidda, en Palestina, celebran desde muy antiguo todas las Iglesias, desde Oriente hasta Occidente.

Señor, alabamos tu poder y te rogamos que san Jorge, 
fiel imitador de la pasión de tu Hijo, 
sea para nosotros 
protector generoso en nuestra debilidad
Por nuestro Jesucristo Señor, Nuestro Señor. Amén

San Jorge, ruega por el Santo Padre.
San Jorge, defiéndelo de su enemigos.
San Jorge, ayúdale en el desempeño de su ministerio.
San Jorge, consuélalo en sus sufrimiento y penas.
San Jorge, dale fuerza para regir la nave de la Iglesia.
San Jorge, inspírale el santo celo por la gloria de Dios.

SAN JORGE. ONOMÁSTICA DEL SANTO PADRE


¡Felicidades Santo Padre!
¡Qué Dios le bendiga,
y que san Jorge le defienda!

sábado, 20 de abril de 2013

El único cura en Corea del Norte El cura del país más ateo del mundo: Gerald Hammond cruza 2 veces al año el «telón de bambú»

Es norteamericano, es cura y misionero. ¿Cómo es que le dejan entrar en Corea del Norte? Porque domina el idioma y atiende a los enfermos. Eso sí, siempre vigilado.








Luca Fiore / Revista Huellas / ReL  


Se llama padre Gerald Hammond, tiene 80 años y es el único sacerdote católico que tiene acceso regular a Corea del Norte.

Nació en Estados Unidos y llegó como misionero a la península coreana cuando terminó la guerra fraticida que dividió al país entre el norte y el sur. Vive en Seúl desde hace ya 53 años y se ha convertido en el superior regional de su orden, el Instituto de los misioneros de Maryknoll.

Desde 1988 puede entrar en Corea del norte para colaborar con algunas organizaciones humanitarias que visitan sobre todo los centros sanitarios donde se trata la tuberculosis.

-Padre Hammond, ¿cuándo fue la última vez que estuvo en Corea del Norte?
-El pasado noviembre, estuve una semana. Visitamos siete centros donde se atiende a enfermos de tuberculosos de la zona sur de Pyongyang. Conmigo iban un médico, un enfermero y otros especialistas.

-¿Cuántas veces ha visitado el país desde 1998?
Más de cincuenta. Voy dos o tres veces al año.

-¿Cómo se desarrollan estas visitas?
Desde el momento en que llegamos a Pyongyang, estamos permanentemente acompañados por personal del gobierno. Nos asisten en todo y durante todo el tiempo. Son muy amables y disponibles. No podemos entrar en el país con teléfonos ni ordenadores. Sólo podemos ir a los lugares a los que nos acompañan.

La mayor parte del tiempo lo pasamos en una institución de acogida gestionada por el Ministerio de Exteriores. Colaboramos con los funcionarios del Departamento de Salud de Corea del Norte porque nuestra misión está vinculada esencialmente al problema de la tuberculosis. Es una enfermedad que se transmite por vía aérea y se contrae en lugares de trabajo que no reúnen las condiciones adecuadas o por malnutrición. Este país, como es bien sabido, es muy pobre: a menudo falta el agua corriente y la energía eléctrica escasea.

-¿Cómo reaccionan ante la misión que ustedes realizan?
-Los médicos y los enfermos están muy agradecidos por la ayuda que les llevamos. Siempre me han acogido de un modo muy cordial. Saben que vamos sólo para llevarles ayuda humanitaria. Aunque…

-¿Aunque…?

Soy sacerdote, y tengo otra cosa que ofrecer a la gente. Les puedo ofrecer la esperanza. Y luego, al margen de nuestra actividad humanitaria, tenemos posibilidad de entrar en relación con los funcionarios, con los médicos, con el personal hospitalario. Les damos a entender que nuestra esperanza es que no haya guerra en la península. Yo hablo de esto y también hablo de reconciliación entre el pueblo del Norte y el del Sur.

-¿Saben las autoridades que usted es sacerdote?
-Sí, lo saben. Llevo puesto el clerguiman. Nunca he ocultado que soy sacerdote.

-¿Nos puede contar algún diálogo que haya tenido con los enfermos?
-Hablo coreano muy bien y no tengo problemas para entrar en contacto con la gente. Ellos ven que soy sacerdote y cuando me piden que rece con ellos, lo hago. Los encuentros se desarrollan en las salas, donde normalmente hay dos o tres personas a la vez. Yo estoy autorizado a decir lo que quiera, pero no me está permitido hablar de política o religión en cuanto tal.

-¿En qué sentido?
-Si me preguntan sobre cuestiones religiosas, puedo responder, pero no puedo plantearlas yo como un argumento. Pero eso no es importante. Creo que el ejemplo es mucho más importante que las palabras. Como está diciendo el Santo Padre, hay que ser sencillos y humildes. Pensar en los pobres es exactamente mi misión.

-¿Por qué?
-Estar con la gente que sufre es estar con Cristo, porque Él está allí con ellos, verdaderamente. Estar con ellos: eso es lo que la Iglesia quiere que hagamos. No tenemos que decir nada en particular, debemos mostrar nuestra vida. Ellos saben que la ayuda les llega de la Iglesia católica. Pero no saben nada de la Iglesia, porque desde hace cincuenta años no hay sacerdotes en este país. La situación es completamente distinta de la china.

-¿Hay muchos cristianos en Corea del Norte?
-El gobierno habla de casi tres mil católicos en una población de 23 millones de habitantes. Pero de ningún modo existe una presencia visible de la Iglesia. Al inicio  
El padre Gerald con responsables de Cáritas de Corea del Sur

de la Guerra de Corea, en junio de 1950, todos los obispos, sacerdotes, monjas y catequistas fueron arrestados o asesinados.

Todo fue bombardeado: cayeron más bombas sobre Corea del Norte que sobre toda Europa durante la Segunda Guerra Mundial. Ambos pueblos, el del Sur y el del Norte, han sufrido muchísimo y cuando llegué a Corea del Sur, en 1960, había cientos de refugiados enfermos de tuberculosis.

-¿Cómo consiguió obtener la autorización para hacer estas visitas?
-Mediante la Eugene Bell Foundation, una ONG protestante americana. Ellos ya hacían este servicio. Me puse en contacto con ellos mediante la ONG Catholic Relief Service. Y ahora también voy en nombre de Cáritas Internacional.

-¿Qué siente cuando va a Pyongyang?

-Me gusta pensar que estoy caminando por un lugar de peregrinación. Porque, si lo miramos con los ojos de la Iglesia, este es un país bañado por la sangre de los mártires y de la gente que sufre. Para mí es una peregrinación.

-¿Y cuando regresa, qué piensa?
-A veces me siento desalentado, porque a mi alrededor no encuentro mucho interés por Corea del Norte. Yo me entusiasmo contando lo que está sucediendo en Pyongyang, pero veo que la gente tiene en la cabeza muchas otras cosas. Esa falta de interés y preocupación me entristece.

-Hoy se habla de Corea del Norte pero por otras razones…
-Sí. Vivo en Seúl desde hace treinta años, en una zona de campo, y veo que las gente sigue con su vida de todos los días. No corren a las tiendas para almacenar alimentos. Hay una cierta tensión, pero la gente vive con calma. Y es que lo que está sucediendo ahora ya ha sucedido en el pasado.

Creo que las amenazas de Corea del norte se deben principalmente a motivos de política interna: tengo la impresión de que Kim Jong Un está intentando hacerse con el control de toda la estructura de poder del país.

-¿Qué es lo que más le ha llamado la atención en sus visitas a Pyongyang?
-Ver la cara de los enfermos cuando se toman la medicación contra la tuberculosis. En un instante, mejoran. Y se dan cuenta de que alguien se ha preocupado por ellos.

-¿Los tratamientos funcionan?

-A pesar de que el fármaco que les llevamos es muy fuerte, sólo el 60 por ciento de los enfermos sobreviven. Enferman muchos jóvenes y no podemos llegar a todos porque no tenemos personal suficiente… Y pensar que hay quien preferiría que no fuera nunca a Corea del Norte.

-¿Por qué?
Dicen que no debería ayudar a un país terrorista, que es un régimen comunista y todo lo demás. Pero a mí la política no me interesa. Creo que esto es lo que Cristo me pide que haga. Nos pide que cuidemos a las personas que más lo necesitan. Yo a esto lo llamo “pastoral de la presencia”: estar allí. Es verdad que hay una dimensión religiosa, pero está también el hecho de que ayudas a la gente y ellos saben quién eres tú. Alguien que les da vida, les permite sobrevivir, pero que también les da esperanza.

-Ha hecho referencia al nuevo Papa…

Sí, verdaderamente es una bocanada de aire fresco. Es humilde y no deja de decirnos que estemos muy atentos de los pobres. Pobres no sólo materialmente, sino también espiritualmente. Creo que tendrá un gran efecto. Sobre los sacerdotes, y sobre los laicos.

Una Iglesia libre de ideologías



 La ideología falsifica el Evangelio y asecha también a la Iglesia. Por ello el Papa Francisco, durante la celebración de la misa del viernes 19 de abril por la mañana, pidió oración «para que el Señor libre a la Iglesia de cualquier interpretación ideológica». Participaron en la misa, en la capilla de la Domus Sanctae Marthae, un grupo de empleados de L'Osservatore Romano y de la Tipografía Vaticana, con el redactor jefe, el subdirector y el director de nuestro periódico. Entre los concelebrantes, don Marek Kaczmarczyk, director comercial de la Tipografía Vaticana  Editrice L’Osservatore Romano.
Al comentar las lecturas del día – la primera tomada de los Hechos de los apóstoles (9, 1-20) y la segunda del Evangelio de Juan (6, 52-59) – , el Papa Francisco propuso una reflexión sobre la palabra de Jesús, interpretada por algunos «con el corazón» y por otros «con la cabeza». Y alertó precisamente de quien, incluso hoy, interpreta las palabras de Jesús «con la cabeza» y no con el corazón: los «ideólogos» que pretenden interpretar lo que dice el Señor según las ideologías dominantes y terminan por falsear el Evangelio.
«Jesús – inició su relato el Pontífice – habla. Jesús habla a Pablo, Jesús habla a Ananías, y Jesús habla también a los doctores de la ley. Es la voz de Jesús que dice a Pablo: “¿Por qué me persigues?”. Es la voz de Jesús que se dirige a Ananías y le dice: “Ve a la calle llamada recta y pregunta en casa de Judas por un tal Pablo”. Es la voz de Jesús que habla al pueblo y también a los doctores de la ley, y dice que quien no come su carne y no bebe su sangre no se salvará».
La voz de Jesús «nos dice algo y se dirige precisamente a nuestro corazón. Pasa por nuestra mente y va al corazón. Porque Jesús busca nuestra conversión». He aquí las respuestas a la voz del Señor narradas por las lecturas: «Pablo: “¿Quién eres, Señor?”. Ananías dice: “Pero... Señor, respecto a este hombre, he oído a muchos hablar de ese individuo y de todo el mal que ha hecho a tus fieles”, y con humildad advierte al Señor el curriculum vitae de Pablo. Los demás, los doctores, responden de otra manera: con la discusión entre ellos. Llegan a decirle: “¡Pero tú estás loco!”, y entre ellos dicen: “Pero ¿cómo un hombre puede dar a comer su carne?”».
Partiendo de estas expresiones, el Pontífice explicó la diversidad de las respuestas: «Los dos primeros, Pablo y Ananías, respondieron como los grandes de la historia de la salvación, como Jeremías, Isaías. También Moisés tuvo sus dificultades: “Pero, Señor, yo no sé hablar, ¿cómo iré a los egipcios a decirles esto?”. Y también María: “Pero, Señor, ¡yo no estoy casada!”. Son las respuestas de la humildad, de quien acoge la Palabra de Dios con el corazón».
En cambio, «los doctores responden sólo con la cabeza. No saben que la Palabra de Dios va al corazón, no conocen la conversión. Son “científicos”. Son los grandes ideólogos», los que no comprenden que la palabra de Jesús se dirige al corazón «porque es palabra de amor, es palabra bella y lleva al amor, nos hace amar». Quien no acoge esta característica impide el camino al amor y también a la belleza.
Los «ideólogos», explicó el Obispo de Roma, son aquellos que en el relato evangélico se ponen a «discutir de manera áspera entre ellos: “¿cómo puede éste darnos a comer su carne? “. ¡Todo un problema del intelecto! Y cuando entra la ideología en la Iglesia – dijo el Papa a este punto –, cuando entra la ideología en la inteligencia, no se entiende nada del Evangelio». De esta forma todo se interpreta en el sentido del deber más bien que en el sentido de la conversión a la que «nos invita Jesús». Y cuantos siguen el camino del deber, «cargan todo sobre los hombros de los fieles».
Los ideólogos falsifican el Evangelio, afirmó el Papa, añadiendo: «toda interpretación ideológica, de cualquier parte que venga, de una parte o de otra es una falsificación del Evangelio. Y estos ideólogos – lo hemos visto en la historia de la Iglesia – terminan por ser intelectuales sin talento, moralistas sin bondad. Y de la belleza no hablamos, porque no comprenden nada». En cambio, «el camino del amor, el camino del Evangelio es sencillo: ¡es el camino que han entendido los santos! Los santos son quienes llevan la Iglesia adelante», los que siguen «el camino de la conversión, el camino de la humildad, del amor, del corazón, el camino de la belleza».
«Oremos hoy al Señor –concluyó el Pontífice– por la Iglesia: para que el Señor la libre de cualquier interpretación ideológica y abra el corazón de la Iglesia, de nuestra madre Iglesia, al Evangelio sencillo, a aquel Evangelio puro que nos habla de amor, que lleva al amor, y es ¡tan bello! Y también nos hace bellos con la belleza de la santidad. Oremos hoy por la Iglesia».

viernes, 19 de abril de 2013

No hay educación sin un encuentro verdadero (R.L.)


(Publicado en Zenit)

A los que nos ha tocado la suerte de ser padres y de haber realizado unos estudios que nos capacitan, teóricamente, para impartir la enseñanza de determinadas áreas de conocimiento en un centro educativo, no se nos da automáticamente la habilidad de ayudar realmente a madurar a nuestros hijos y alumnos.
            Se puede tener, o no, la disposición adecuada de ser padre o de ser docente. Pero eso no lo da, ni lo puede dar, la naturaleza ni los títulos. Tener vocación es algo mucho más serio y que no se puede tomar a la ligera. Ser colaboradores de Dios en la ayuda y formación de su obra más perfecta, el ser humano, no es ninguna tontería.
            Por mucho que pensemos que los hijos y alumnos de hoy en día van formándose ellos solos con ayuda de sus amigos y ambiente, con el devenir de los años, con las distintas realidades y problemas que tienen que encarar y resolver, no es suficiente.
            No basta, de parte de sus educadores, padres y docentes, ponerles delante una serie de contenidos para que ellos sean quiénes, a través de su esfuerzo y constancia, de su estudio y aprendizaje, consigan los frutos y las habilidades que les capacitan para afrontar con éxito las distintas situaciones de su vida.
            La persona humana pide ser considerada en su dimensión relacional, en su necesidad de preguntarse acerca de las finalidades, de sentido último de lo que vive, de la trascendencia. No puede poner entre paréntesis, y mucho menos excluir, otros factores de la realidad que explican ésta y la dotan de sentido. El origen y la explicación de esta u otra fiesta o manifestación natural, artística o espiritual. Necesitamos conocer, saborear y disfrutar la realidad.
            La posibilidad de ir madurando, por lo tanto, nos viene de ser capaces de asombrarnos, preguntarnos y reconocer la realidad como dotada de significado. No nos puede bastar vivir sin más sino interpretar adecuadamente lo que somos, hacemos y vivimos. Podemos estar inmersos en una experiencia pero perdidos, insatisfechos en el fondo, porque no somos protagonistas en una vivencia intensa.
            Si queremos educar a hijos y alumnos hemos de considerar si optamos por un monólogo, un movimiento unidireccional, o algo totalmente distinto, dinámico y enriquecedor. Si tratamos a nuestros educandos como sujetos de premios y castigos, como si fueran animales, no nos extrañe que luego se comporten como tales, sin querer el bien por gustar del mismo.
     Es preciso un riesgo educativo, el de la necesaria confrontación con la verdad y la experiencia. La mía también sí, como padre y como educador. No sólo se trata del acercamiento de alguien que posee una autoridad magisterial con otro que desea conocer, sino de un verdadero encuentro humano.
            ¿Quién cree ser un buen padre, educador e hijo? En una sociedad que anda carente de referencias estables, que pretende que los niños y adolescentes quemen etapas antes de tiempo, que toma la religión como un elemento extraño y aburrido, que prima la conectividad sobre el asombro y el interés sobre la gratitud,… sólo a través de un encuentro verdaderamente humano podremos ayudar, hacer crecer y madurar, nosotros, y, al mismo tiempo, a nuestros hijos y educandos.

Misa del Papa en Santa Marta Nada de habladurías, nada de miedos



Para resolver los problemas de la vida es necesario mirar a la realidad de frente, preparados, como el portero de un equipo de fútbol, a detener el balón desde cualquier lugar que llegue. Y sin ceder al miedo o a la tentación de los lamentos, porque Jesús está siempre junto a cada hombre, incluso y sobre todo en los momentos más difíciles. Lo dijo el Papa Francisco en la misa celebrada el sábado 13 de abril por la mañana en la capilla de la Domus Sanctae Marthae.
Entre los presentes, el director de los servicios de seguridad y protección civil Domenico Giani con sus familiares, agentes del Cuerpo de la Gendarmería y de los bomberos, la madre de monseñor Alfred Xuereb y algunos discapacitados participantes en un congreso en el Vaticano.
En el pasaje de los Hechos de los apóstoles (6, 1-7), proclamado en la primera lectura, «hay una parte  —explicó el  Pontífice— de la historia de los primeros días de la Iglesia: la Iglesia crecía, aumentaba el número de los discípulos», pero «en este momento comienzan los problemas». En efecto, «los de lengua griega murmuraban contra los de lengua hebrea» porque en la asistencia cotidiana se desatendían a las viudas. «La vida —prosiguió— no es siempre tranquila y bella» y «la primera cosa que hacen es murmurar, criticar uno contra el otro: “Pero, mira, está esto…”. Pero esto no lleva a ninguna solución, no aporta solución».
En cambio «los apóstoles, con la asistencia del Espíritu, reaccionaron bien. Convocaron al grupo de los discípulos y dialogaron. Es el primer paso: cuando hay dificultades, es necesario mirarlas bien, considerarlas y hablar de ellas. Nunca esconderlas. La vida es así. La vida es necesario acogerla como se presenta, no como quisiéramos que se presente». Es «en cierto sentido —dijo el Papa Francisco recurriendo a una metáfora eficaz y apreciada por él— como el portero del equipo, ¿no?, que recibe el balón de donde venga. Esta es la realidad». Los apóstoles, por lo tanto, «hablaron entre ellos e hicieron una bella propuesta, una propuesta revolucionaria, porque dijeron: “Nosotros somos los apóstoles, los que eligió Jesús”. Pero esto no es suficiente. Se dieron cuenta de que su primer deber era la oración y el servicio de la Palabra. “Y para la asistencia cotidiana a la viudas, debemos hacer otra cosa”». Así «decidieron crear a los diáconos».
«Una decisión —agregó el Papa— un poco riesgosa para ese momento. Pero el Espíritu Santo les impulsó a hacer eso. Lo hicieron. Eligieron a los diáconos, decididos. No dijeron: “Mañana veremos, paciencia”. No, no. Tomaron la decisión y el final fue muy feliz: “Y la Palabra de Dios se difundía y el número de los discípulos en Jerusalén se multiplicaba grandemente”. Es bello. Cuando hay problemas, es necesario afrontarlos y el Señor nos ayudará a resolverlos».
De este modo, «no debemos tener miedo a los problemas. Jesús mismo dice a sus discípulos: soy yo, no tengáis miedo, soy yo. Siempre. Con las dificultades de la vida, con los problemas, con las cosas nuevas que tenemos que afrontar: el Señor está allí. Podemos equivocarnos, ciertamente, pero Él siempre está cerca y nos dice: te has equivocado, retoma el camino justo».
Un problema, dijo el Papa, no se resuelve si nos limitamos a decir «a mí no me gusta» y se comienza «a murmurar o a criticar». Y «no es una buena actitud  maquillar la vida. No, no. La vida es como es. Es la realidad. Es como Dios quiere que sea o como Dios permite que sea. Pero es como es, y debemos afrontarla como es. El Espíritu del Señor nos dará la solución a los problemas».
«También en el Evangelio —explicó el Papa comentando el pasaje de san Juan (6, 16-21)— sucede algo similar. Los discípulos estaban todos contentos porque habían visto que aquellos cinco panes no se acababan. Dieron de comer a mucha gente, a muchas personas. Se encaminaron hacia la otra orilla, con la barca, y vino un fuerte viento: el mar se agita y tienen un poco de miedo. Se encuentran en dificultad. Y el Señor va a su encuentro para ayudarles. Se asustan un poco, y Él les dice: “No tengáis miedo, soy yo”. Esa es la palabra que Jesús, siempre: en las dificultades, en los momentos de oscuridad, en los momentos donde todo es oscuro y no sabemos qué tenemos que hacer, también cuando en nuestra alma hay oscuridad. La vida es así. Hoy se presenta así, con esta oscuridad. Pero el Señor está ahí. No tengamos miedo. No tengamos miedo a las dificultades, no tengamos miedo cuando nuestro corazón está triste, sombrío. Afrontemos las cosas como se presentan, con el Espíritu  del Señor y la ayuda del Espíritu Santo. Y así vamos adelante, seguros sobre un camino justo».
El Papa Francisco concluyó la homilía con la invitación a pedir «al Señor esta gracia: no tener miedo, no maquillar la vida» para ser capaces de «acoger la vida como se presenta y buscar resolver los problemas como lo hicieron los apóstoles. Y buscar también el encuentro con Jesús que siempre está a nuestro lado, incluso en los momento más oscuros de la vida».

Salmo 23 (22) Canto bizantino

La fe a los 20 (6): Darte por completo a Dios



No todos entienden a David. 20 años, estudiante de Medicina en la Universidad de Barcelona, y con un buen grupo de amigos, explica: "Me he enamorado. Me he enamorado de Dios, y quiero que sea para toda la vida".


Año de la Fe: Hoja con preguntas y textos para profundizar en el tema propuesto por el vídeo
Yo creo que a Jesús le encanta que vaya en moto. Sobre todo porque también es algo que a mí me gusta y me divierte. ¡Supongo que a Él también le debe gustar, vaya!

Opus Dei -
"Yo a Jesús me lo llevo a clase, me lo llevo a todos sitios..." (David, a la derecha).
Yo a Jesús me lo llevo a clase, me lo llevo a todos sitios... Me ayuda a tener una vida que sea coherente, que sea única, porque sé que siempre estoy con mi Amigo. Eso me ayuda mucho a comportarme de la misma manera en todos los ambientes, con todos los amigos, a tratar igual de bien a todas las personas.

Creo que es un ideal grande el entregarse a los demás, entregarse a Dios en la juventud. Es una causa que te supera ampliamente. Es algo atractivo, por eso me sentí llamado: lo vi como una gracia especial, y entonces ¡claro que dije que sí!

"Yo me veo con esta función, podríamos decir, de estar muy cerca de Dios para también hacer más atractivo el mensaje de Dios".
¿Y Dios realmente a qué me llama? O ¿para qué me quiere? ¿qué es lo que quiere de mí? Quiere que yo esté muy cerca de Él, sobre todo, para estar muy cerca de los demás, para llevarle a los demás, a todas las personas, a todo el mundo que pueda llegar yo para llevárselo también hacia Él.

Yo me veo con esta función, podríamos decir, de estar muy cerca de Dios para también hacer más atractivo el mensaje de Dios, el mensaje de Jesús, a los demás, para hacer este puente de aproximación entre los demás y Dios.

Yo me he enamorado de Dios, y así procuro enamorarme cada día un poco más. Me he sentido querido un poco más por Dios, y eso me llena.

Opus Dei -
"¿Y Dios realmente a qué me llama? O ¿para qué me quiere? ¿qué es lo que quiere de mí?".
Cuando un amigo mío me dijo: “Bueno, pero tú estás entregado a Dios de momento ¿no? Ya luego...”. Yo le dije: “No, igual que ahora tú estás buscando una chica que te llene, con la que querrías estar toda tu vida, pues yo ya he encontrado a Dios, Dios me ha llamado, y eso me llena, y yo quisiera que esto fuera para toda la vida”.

En mi decisión de entregarme a Dios, sentí un poco más la atracción inicial, el momento de “Oh, Dios mío, te sigo hasta donde quieras...”. Eso es el inicio, pero luego está la libertad.

No es que yo ya de primeras, nada más notarlo, me entregara y no pudiera echarme para atrás. Yo quiero continuar este camino cada día, cada mañana, cada momento presente, y allí soy libre. Es decir, ahora soy libre y estoy entregado a Dios, y quiero seguir así.

La entrega es el primer paso de una carrera de sacrificio, de alegría, de amor, de unión con Dios. —Y así, toda la vida se llena de una bendita locura, que hace encontrar felicidad donde la lógica humana no ve más que negación, padecimiento, dolorSan Josemaría Escrivá, Surco n.2
 de la web del opus dei