miércoles, 8 de febrero de 2012

LEONARDO LEMOS MONTANET - OBISPO ELECTO DE OURENSE “La población rural dejará de existir el día en que la iglesia no esté presente”

Autor: JOSÉ CARLOS FERNÁNDEZ OTERO - OURENSE - 06-02-2012 Su nombramiento fue hecho público a mediados de diciembre pero, creemos que, con prudente criterio, ha pospuesto las entrevistas hasta ahora que es inminente su toma de posesión. En este tiempo, nos dice, se ha ocupado de conocer mejor la diócesis que va a dirigir desde ahora. Don Leonardo Lemos Montanet será, a partir del día 11, el nuevo obispo de Ourense, el que ocupará el número 103 en el episcopologio de la iglesia de San Martín. Lemos Montanet, a las puertas del Seminario menor de Santiago (Foto: VICENTE PERNÍA) Por fin después de casi dos años, Ourense tiene nuevo obispo… Sí, el período de “sede vacante” ha sido especialmente largo. Pero sinceramente creo que las instancias que intervienen en el proceso de la designación de un obispo no estuvieron ociosas. La Providencia siempre nos desconcierta y, sin ninguna duda, hace que los planes de Dios se realicen en el tiempo oportuno. En la situación actual por la que atraviesa la Iglesia, ¿le costó aceptar? Sí, tuve miedo. Pero ante la designación del Santo Padre, acepté, como siempre lo he hecho en mis treinta y dos años de ejercicio sacerdotal. Cuando me ordenaron prometí obediencia a mis superiores y ha habido ocasiones en las que no fue fácil, y me ha costado lágrimas, pero obedecí y allí donde me pusieron me entregué de cuerpo y alma. Es lo que el Señor nos pide a los que hemos sido premiados con la vocación sacerdotal. Ante ese gran “don” todo lo demás pierde su importancia. En esta ocasión al salir de la Nunciatura ya había dado mi sí a la designación del Papa. ¿Cree que la situación por la que atraviesa la Iglesia es tan mala como algunos dicen? La Iglesia guarda en sí entrañas de eternidad; es verdad que se va desplegando en la historia, en medio de luces y sombras y la situación actual ni es mejor ni peor que en otros momentos de su historia, es diferente, porque también lo somos nosotros. ¿Cuál cree que es el problema fundamental de la Iglesia actual? No es tanto el problema de la Iglesia, sino de aquellos que la formamos. Si pudiera sintetizarlo en una sola palabra diría: fidelidad. Es la dificultad con la que nos encontramos en el seno de la Iglesia, nos falta fidelidad, en especial en aquellos que somos el rostro vivo de esta gran familia. Esa fidelidad tiene muchos matices pero de manera especial es en lo cotidiano en donde se percibe la falta de adecuación entre lo que somos y cómo vivimos. El Papa, con frecuencia, nos ha puesto como ejemplo a los santos. Que un obispo venga de fuera de la diócesis dicen algunos que tiene la ventaja de ver las cosas desde un ángulo más objetivo. No creo que en la designación de un obispo se busque sólo la objetividad de la acción pastoral y pienso que ésta no depende de si un obispo es elegido del Presbiterio de esa Iglesia particular o de la vecina. En Ourense hay magníficos sacerdotes, muy preparados, que pudieran realizar el ministerio episcopal de forma satisfactoria; sin embargo, en el nombramiento de un obispo hay un componente de gracia que no puede escapársenos. Yo lo he experimentado y experimento en mi historia. Pensar de otro modo pudiera ser legítimo; sin embargo, creo que el Espíritu se mueve de acuerdo con otros parámetros que sólo podemos intuir desde la perspectiva de la fe. Cuando repasamos la historia multisecular de la Diócesis de Ourense y sus pastores nos damos cuenta de esto. No se trata de cálculos, ni de estrategias, ni siquiera de oportunismos políticos; toda designación es don de Dios, como lo es la vocación sacerdotal. ¡Cuántos de mis compañeros del Instituto de Ferrol eran mejores que yo en todo! y sin embargo, el Señor me eligió a mí para el ministerio sacerdotal, sin méritos propios; lo mismo que en este momento me ha elegido para esta Iglesia particular, sin haberlo solicitado, ni opositado, ni siquiera me ha pasado por mi mente la posibilidad de llegar a ser obispo. Llega a una diócesis eminentemente rural con una despoblación grande… Ourense no es una excepción en Galicia. He tenido que estudiar la geografía e historia de esta Iglesia, y creo que no hay una especial diferencia con respecto a las otras diócesis salvando una serie de matices. Por otra parte, no se olvide que la ciudad de Ourense es la tercera en población de esta Autonomía, posee núcleos de población y una serie de pueblos y villas que le confieren fisonomía especial. Es verdad que hay zonas rurales muy despobladas pero la Iglesia debe estar presente en ellas; y el día en que a través de sus sacerdotes o de los agentes de pastoral deje de estar presente, dejarán de existir. Por fidelidad a los hombres y mujeres de esta tierra, aunque sean pocos, y todos ellos ancianos, la Iglesia tiene que estar presente porque en ellos descubre el rostro de Jesucristo. ¿Tiene conocimiento de los problemas de la diócesis? He mantenido una serie de contactos, tanto con el administrador apostólico, como con los vicarios de la diócesis, con el fin de preparar la ordenación episcopal. Y a través de los medios de comunicación estoy al tanto de los problemas del que ya siento como mi pueblo. Por otra parte, me han escrito y llamado sacerdotes y laicos informándome de sus preocupaciones. Por formación y, sobre todo, por los años de experiencia docente en el ámbito de las disciplinas filosóficas, tiendo a ser analítico en los problemas, procuro no escaparme de ellos; sin embargo, estoy convencido de que el obispo, como pastor, debe buscar y ayudar a las personas que son el verdadero rostro de los problemas, a ellas hay que ayudar. De manera especial no soy ajeno al problema del paro, también lo sufro en mi propia familia. Ese creo que es hoy el principal problema que, a pesar de nuestra impotencia, desearíamos solucionar. Existe un cierto malestar por la brevedad de los pontificados anteriores que hacen concebir la idea de que es una diócesis “de paso”. Soy consciente de esta situación. También es verdad que ha habido largos y fecundos pontificados. No creo que ninguno de mis predecesores haya venido a la Diócesis de Ourense con ánimo de hacer “carriera”; a algunos de los últimos obispos los he conocido desde mis años de Seminario y de joven sacerdote. Estoy seguro de que ellos vinieron a esta Diócesis obedeciendo. Y cuando la Iglesia les ha pedido otro servicio, también han obedecido. Las circunstancias históricas en Ourense, en los últimos lustros ha generado un desconcierto que, gracias a Dios, se ha transformado en los dos últimos años en una “serena espera”. Las nuevas pobrezas están en el entramado social hoy en día ¿es el momento de Cáritas en la Iglesia? Son muchas las pobrezas que hoy afectan al ser humano. Con frecuencia nos centramos sólo en la de índole económica y es normal que así sea porque genera muchos desajustes graves en las personas. Pero hay que ir a la raíz de esas pobrezas. Benedicto XVI ha diagnosticado que el fundamento de esta crisis es de valores. Por eso es el momento de solidaridad y fraternidad. No podemos quedarnos en la periferia de los problemas y mucho menos ideologizarlos para convertirlos en armas arrojadizas contra nuestros supuestos “rivales”. Es momento de remar todos en la misma dirección, a la Iglesia le interesa la persona concreta, con un rostro y situación determinados. Las utopías están bien en lo especulativo e ideológico. En lo concreto y existencial es en donde debemos comprometernos para generar otra ciudad y otro estilo de ciudadano. ¿Es el momento de Cáritas? En donde exista una persona que sufra o padezca necesidades, es el momento de Cáritas. Cáritas funciona de acuerdo con el ritmo de los planes de Dios, no se olvide que “Deus Cáritas est”, Dios es Caridad, es Amor, y sus planes, proyectos y acciones superan el horizonte concreto. La organización diocesana, distribución del clero y estructura parroquial en un momento de despoblación creciente. ¿Ha pasado aquella división? La Iglesia se hace carne en el corazón de sus hijos, de ahí su perenne juventud. En cada momento las circunstancias hacen cambiar métodos, proyectos pastorales y también la distribución del clero y de las parroquias. ¡No es nada nuevo! Basta con que nos asomemos a la historia de la Iglesia en Galicia y en Ourense a lo largo de los últimos cien años. Estoy convencido de que cada momento necesita una nueva organización humana y acogedora. La Iglesia no se funda ni en la rentabilidad ni en la eficacia avalada por números y resultados efectivos. Siempre la Iglesia ha elaborado proyectos pastorales adecuados para momentos concretos en los que le ha tocado de vivir y encarnar el Evangelio. No nos deben asustar los retos con los que nos encontremos; debemos luchar ilusionadamente por acertar con los más adecuados para mejor servir el mensaje de la Buena Nueva. Ese Mensaje no es una “mercancía” que se devalúa de acuerdo con los cambios de criterios del entorno. Ofrecemos la Vida y la Doctrina de Jesucristo, y esta realidad es la que funda e

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