martes, 2 de marzo de 2010

Liberad a Willy Toledo. Fuente Blog de Pedro Hoyo.




Una de las mayores cárceles de este mundo está en nosotros mismos, en nuestra incapacidad para discernir con equilibrio y justicia, sin sectarismo ni parcialidad. Es a esa capacidad de discernir en libertad a la que tienen miedo todos los dictadores. Es a la libertad a la que ponen rejas.

Sin embargo, cuando el pensamiento está preso del fanatismo la cárcel que limita la libertad de comprensión del mundo y por tanto la libertad de juicio se llama sectarismo. Antes de seguir más adelante, permítanme afirmar que sin duda sectarios y fanáticos los hay en todas partes, en todos los lugares y en todas las ideologías. En todas, en todas.

Se supone que a mayor preparación intelectual y a mayor conocimiento del mundo corresponde mayor capacidad de lucidez, de análisis y de crítica. A los cómicos antaño se les despreciaba y vagaban errantes de pueblo en pueblo por caminos polvorientos en busca de un mendrugo que llevarse a la boca. Afortunadamente esos tiempos cambiaron y ser actor es hoy día una profesión dignísima a la que yo me habría consagrado si hubiera podido.

Pero no termino de encontrar donde se encuentra el vínculo entre ser actor y ser intelectual, no termino de entender por qué atolondrado motivo estos señores se permiten dar lecciones de democracia al español que todos los días se tiene que levantar a las seis de la mañana para, dos transbordos y hora y media de viaje más tarde, llegar a la oficina dispuesto a atender con una sonrisa en la boca a sus clientes. Ser famoso, aprenderte de memorión un papel escrito, esta vez sí, por un autor de valía, y representarlo en la plaza pública no te garantiza ningún tipo de autoridad moral o intelectual para predicar al españolito medio lo que debe creer.


Con el fervor que sólo el fanatismo más radical puede proporcionar Willy Toledo nos ha leído delante de las cámaras las consignas de “Pravda”. No, del “Ya”. No, tampoco, en realidad nos leía el “Granma” como si fuera el Evangelio de la Democracia y nos pedía que le siguiéramos a pies juntillas a predicar por el desierto. A predicar por el desierto de la libertad en Cuba, por el desierto de la libertad propia, por el desierto de la libertad de juicio, por el desierto de la capacidad de análisis, por el desierto de su intelecto.

Willy Toledo está como buena parte de la más añeja y sectaria izquierda española (y de la derecha más franquista) preprogramado para responder con automatismos atávicos a determinados estímulos progres. Carece de libertad para responder con dos dedos de frente a la realidad más obvia, trasmutándola por sus ensoñaciones partidistas, sectarias, fanáticas y subjetivas. Willy Toledo está preso de su intolerancia, de su intransigencia, de su ceguera, de su incapacidad. Liberad a Willy, liberemos a Willy.

Estrambote 1: Luego son fanáticos de la peor calaña los que vuelcan su verborrea en hablar de ultraderecha.

Estrambote 2: Espero que actores superdemócratas (La familia Bardem y sus coristas) salgan a las mismas cámaras y los mismos micrófonos a poner las cosas en su sitio, criticando con valentía a Don Willy, defendiendo la democracia y tachando a los Castro de dictadores. ¡A que no hay!

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