viernes, 24 de mayo de 2013

Dificulta la formación El «relieve social» de algunos sacramentos, «un serio problema pastoral»





Es una de las advertencias de los obispos en su documento para coordinar a la familia, la parroquia y la escuela en la transmisión de la fe

ReL  


"Quienes trabajan en la catequesis con los niños y los jóvenes destacan la dificultad que encuentran para contribuir eficazmente con estos procesos a la deseada iniciación cristiana. Muchas veces, en el origen de esta dificultad está la relación entre dichos procesos y la celebración de los sacramentos. La Iglesia celebra los sacramentos que suponen, expresan y acrecientan la fe y, en consecuencia, un serio proceso de formación y preparación, mientras que muchos de los convocados desean el rito sacramental principalmente por su relieve social. Este desajuste entre la propuesta de la Iglesia y el deseo de muchos candidatos constituye un serio problema pastoral".

Ésta es una de las reflexiones de los obispos españoles (especialmente oportuna ahora que estamos en tiempo de Primeras Comuniones) en el documento que ha dado a conocer la Conferencia Episcopal con sus Orientaciones pastorales para la coordinación de la familia, la parroquia y la escuela en la transmisión de la fe.

La emergencia educativa
El texto, elaborado por la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis que preside Casimiro López Llorente, obispo de Castellón, recibió el visto bueno definitivo el pasado 25 de febrero en la última Comisión Permanente y fue dado a conocer este lunes.

El documento acoge las orientaciones de Benedicto XVI sobre la “emergencia educativa” y busca "ayudar a los padres de familia en su difícil y hermosa responsabilidad de educar a sus hijos; a los sacerdotes y catequistas en las parroquias en la paciente y apasionante misión de iniciar en la fe a las nuevas generaciones de cristianos; así como a los profesores de religión en los centros de enseñanza, estatales y de iniciativa social, católicos o civiles, preocupados y entregados a la noble tarea de formación de niños y jóvenes”.

El cambio de mentalidad social
El primer capítulo comienza analizando los distintos factores que hoy “son signo y causa de un radical cambio de mentalidad respecto al valor de lo recibido por herencia y tradición” (dispersión, fragmentación de la persona, modelos de referencia poco consistentes, etc.). Todo ello ha repercutido de manera significativa en los lugares de transmisión de la fe: familia, escuela, ambiente, e incluso, en grupos de identidad eclesial. “Más allá de la resignación, el lamento, el repliegue o el miedo, los Papas alientan a la Iglesia a revitalizar su propio cuerpo, poniendo en el centro a Jesucristo, el encuentro con él y la luz y la fuerza del Evangelio”.

“Estamos persuadidos", subrayan los obispos, de que "los niños, adolescentes y jóvenes poseen un gran depósito de bondad, de verdad y de belleza que los antivalores reseñados no pueden ocultar ni destruir. De hecho se advierte una sed generalizada de certezas, de valores y de objetivos elevados que orienten la propia vida”.

La escuela: una exigencia de comunión eclesial
Los obispos recuerdan el papel especial e insustituible que los laicos cristianos tienen en la comunicación de la fe, así como la importancia de que el empeño educativo se realice en comunión al servicio de la misión.

En particular, la escuela católica “debe ser un referente educativo no solo en su acción formativa, sino en el testimonio de las personas consagradas y profesores cristianos laicos. Este testimonio solo será eficiente si se realiza dentro de la espiritualidad de comunión eclesial”.

Iglesia doméstica
Con la clásica caracterización de la familia como "iglesia doméstica", los obispos animan a los padres como "principales y primeros educadores... La iniciación en la fe cristiana es recibida por los hijos como la transmisión de un tesoro que sus padres les entregan, y de un misterio que progresivamente van reconociendo como suyo y muy valioso. Los padres son maestros porque son testimonio vivo de un amor que busca siempre lo mejor para sus hijos, fiel reflejo del amor que Dios siente por ellos”.

Como “iglesia doméstica” que es, la función educadora de la familia no se queda en el testimonio, de por sí imprescindible, sino también en la presentación de los contenidos de la fe, adecuados a la edad de los hijos, y en ser el marco propicio donde se descubran, asuman y practiquen las virtudes cristianas, más aún en un ambiente social desfavorable.

Una visión global del mundo y de la vida
La enseñanza cristiana debe presentar el mensaje cristiano "en sus elementos fundamentales, en forma de síntesis orgánica y explicitada de modo que entre en diálogo con la cultura y las ciencias humanas, a fin de procurar al alumno una visión cristiana del hombre, de la historia y del mundo, y abrirle desde ella a los problemas del sentido último de la vida”.

La religión no es solo una realidad interior, aunque esto para el creyente sea lo decisivo; la religión ha sido a lo largo de la historia, como lo es en el momento actual, un elemento integrante del entramado social humano y un ineludible hecho cultural. “Por ello, los contenidos fundamentales de la religión dan claves de interpretación de las civilizaciones. Y si la religión es un hecho cultural importante que subyace en el seno de nuestra sociedad, es evidente que su incorporación a la escuela enriquece y es parte importante del bagaje cultural del alumno”, afirma el texto.

Frente a algunas voces que cuestionan la presencia de la religión en la escuela, en el texto se ofrecen algunos motivos que autorizan su presencia, como son por ejemplo el hecho de que sea necesaria para “comprender la civilización europea en la que estamos sumergidos”, el que esta enseñanza, bien realizada, “favorece la unidad interior del alumno creyente”, y el hecho de que “brinde al alumno motivos para vivir, le ofrezca valores morales a los que adherirse y le indique caminos para orientar su comportamiento”.

Enseñar para evangelizar
Por último, la enseñanza de la religión tiene también una evidente dimensión evangelizadora. “Siguiendo las orientaciones de Benedicto XVI, hemos de subrayar que la enseñanza religiosa, lejos de ser solamente una comunicación de datos fácticos, informativa, la verdad amante del Evangelio es creativa y capaz de cambiar la vida, es performativa. Por ello, esta materia no puede reducirse a un mero tratado de religión o de ciencias de la religión, como desean algunos; debe conservar su auténtica dimensión evangelizadora de transmisión y de testimonio de fe. Por ello, los profesores deben ser conscientes de que la enseñanza religiosa escolar ha de hacer presente en la escuela el saber científico, orgánico y estructurado de la fe, en igualdad académica con el resto de los demás saberes, haciendo posible el discernimiento de la cultura que se transmite en la escuela y respondiendo a los interrogantes de los alumnos, en especial a la gran pregunta sobre el sentido de la vida”.

El papa Francisco alerta del peligro de ser "cristianos de museo" pasivo...

jueves, 23 de mayo de 2013

Mis días con Bergoglio


El autor de este artículo, Jorge Rouillón, es columnista y está especializado en cuestiones religiosas y culturales; en él narra sus recuerdos personales del Papa Francisco cuando era el arzobispo Jorge Bergoglio.


23 de mayo de 2013
Jorge Rouillon // Diario Los Andes (Mendoza, Argentina), 12 de mayo de 2013

Opus Dei - Jorge Rouillon es abogado y licenciado en periodismo. Preside el Club Gente de Prensa.
Jorge Rouillon es abogado y licenciado en periodismo. Preside el Club Gente de Prensa.
Una vez le pedí al cardenal Jorge Bergoglio si podía rezar porque en esos días me darían el resultado de un estudio médico de próstata y había posibilidad de que fuera algo maligno. El resultado fue bueno y me olvidé del asunto. Dos o tres meses después, me crucé con el arzobispo de Buenos Aires. Al verme me preguntó: "¿Tengo que seguir rezando?" Tuve que pensar qué era lo que me estaba preguntando. Se ve que él seguía teniendo presente en su oración personal lo que para mí mismo había pasado a segundo plano.

Son muchísimas las personas que pueden dar cuenta del interés, la escucha, la atención personal, la cercanía que les ha brindado ese cardenal sencillo, habituado a andar en subte o en ómnibus, a levantarse al alba y acostarse temprano, a visitar a enfermos y necesitados sin hacerse notar, a encontrarse con vecinos de villas de emergencia sin salir en los medios de comunicación. Ese cardenal que ahora se ha visto llamado desde "los confines de la tierra" para ser obispo de Roma y así cabeza visible de la Iglesia Católica en todo el mundo.

Soy periodista y durante años he tenido a mi cargo una columna semanal de actualidad religiosa en La Nación, diario de circulación nacional. Nunca he tenido con él una larga entrevista personal, porque nunca las ha dado (sólo recuerdo una nota con preguntas y respuestas concedida a chicos periodistas de una revista católica juvenil, y una reunión de prensa con unos quince corresponsales extranjeros en 2001, de la que no participé).

Me parece que sólo estuve en su despacho y sus habitaciones el día en que lo nombraron cardenal, en que recibió la noticia con toda sencillez, en soledad, luego de haberse preparado su propia comida. Pero son muchas las veces en que he coincidido a la entrada o la salida de actos, en visitas a hospitales, hogares o iglesias, en recepciones o encuentros. En verdad, no es afecto a las reuniones sociales y si tiene obligación de asistir y le es posible se va pronto, pero es atento, cordial, dispuesto a escuchar. Lo he visto servir empanaditas, café o un refresco a su interlocutor (algunas veces, yo mismo). Y he advertido siempre un trato afable, fresco, sin vueltas.

Recuerdo un día en que se celebraba el Día del Periodista en un salón del arzobispado de Buenos Aires. Quizá haya habido bastante más de un centenar de colegas. El director de un diario que podría considerarse bastante alejado de su pensamiento y del cual ha recibido no pocos cuestionamientos, avisó que se había retrasado y llegaría tarde. Contrariando su costumbre de retirarse temprano de cualquier reunión, Bergoglio se quedó sentado esperándolo mucho.

Quizá bastante más de una hora después de que casi todos se habían ido. Cuando llegó lo atendió con toda deferencia, sirviéndole algún bocadito y manteniendo una conversación cordial, preguntándole por su familia, interesándose por sus hijos. Ambos charlaron amablemente. Y el cardenal nos agradeció a los tres o cuatro periodistas que nos habíamos quedado allí hasta que llegó ese colega, compartiendo la espera y el recibimiento.

Ciertamente lo vi muchas veces, como otros periodistas, en breves conferencias de prensa al concluir asambleas de obispos del país o en actos oficiales, universidades, congresos académicos. Lo he visto lavar los pies a madres embarazadas en una maternidad pública, enfermos en un hogar de ancianos, chicos en un hospital de niños.

Viene a mi memoria un sucedido de 1999. Hacía apenas un año que era arzobispo de Buenos Aires.

La puerta descascarada de la cárcel de Villa Devoto se abrió y un sacerdotede clergyman negro salió solo, con su portafolio, a la calle oscura. Era casi de noche, un Jueves Santo, e iba a tomar un ómnibus, el 109, para volver a su casa, en el centro de Buenos Aires. Salía de la cárcel donde había celebrado la misa para los internos y lavado los pies a doce de ellos. Había estado dos horas y media allí, conversando con los detenidos antes y después del oficio religioso.

En la vereda de esa calle desolada, al lado del enorme paredón de la cárcel, pude dialogar brevemente con él. "Quería que sintieran que la feligresía de Buenos Aires y Jesús estaban con ellos", comentó elsacerdote. Era el arzobispo de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio, por entonces monseñor, dos años antes de ser hecho cardenal.

Cuando se iba, lo invité a volverse al centro en el auto del diario en el que yo había ido con un chofer. Agradeció pero dijo que se volvía en el ómnibus que pasaba por la esquina. Tuve que insistirle varias veces, diciéndole que íbamos para el mismo lado, hasta que finalmente aceptó subir.

Antes, en la vereda, deslizó en tono calmo, casi en voz baja: "Jesús en el Evangelio nos dice que en el día del Juicio vamos a tener que rendir cuentas de nuestro comportamiento: tuve hambre y me diste de comer; tuve sed y me diste de beber; estuve enfermo y me visitaste; estuve en la cárcel y me viniste a ver". Y señaló que "el mandato de Jesús nos obliga a todos y de una manera especial, al obispo, que es el padre de todos".

"Algunos podrán decir: son culpables -agregó Bergoglio-. Yo les respondo con la palabra de Jesús: el que no es culpable, que tire la primera piedra. Que cada uno de nosotros nos miremos en el corazón y descubramos nuestras culpas. Entonces, el corazón se nos hace más humano".

No hablamos demasiado en el viaje de vuelta con ese arzobispo poco dado a las entrevistas. Cosas normales, del momento. Al volver, pasamos cerca de un gran shopping e hizo un comentario al pasar sobre "los nuevos templos del consumismo".

No quiso que nos desviáramos unas pocas cuadras para dejarlo en la puerta de su casa. Se bajó en la calle peatonal Florida y se perdió entre la gente. Prefería ir caminando varias cuadras hasta la Curia aprovechando para meditar la tercera parte de los quince misterios del Rosario que reza todos los días. Luego iba a recorrer solo, a la noche, siete iglesias para adorar a Jesús Sacramentado, una costumbre que muchos católicos viven en la noche del Jueves Santo. Como cualquier otro fiel, el arzobispo iba a recorrer las iglesias sin que nadie lo esperara especialmente.

Al bajarse del auto me dijo: "Usted logró lo que no logró ningún periodista: tenerme apresado durante 40 minutos. Generalmente, yo les escapo". Seguramente no imaginaba entonces que unos años después iba a mantener una reunión, franca y amable, con unos 6.000 periodistas en Roma, a los que hablaría con soltura poco antes de otra Semana Santa.

Aquella noche, al despedirse, nos deseó, al cronista y al chofer: "¡Felices Pascuas!".

Por Jorge Rouillon - Abogado y licenciado en periodismo - Preside el Club Gente de Prensa

miércoles, 22 de mayo de 2013

Papa Francisco: "Para un cristiano progresar debe significar abajarse, servir a los demás"

Papa Francisco: "Para un cristiano progresar debe significar abajarse, servir a los demás"

Papa hoy

Articulo interesante ... y para reflexionar ... de info...


¿Por qué se enfadó Joaquina con la parroquia?

Joaquina se nos ha dado de baja en las misas. El caso es que sigue acudiendo a la capilla de la adoración perpetua, donde por cierto echa horas. Pero dice que a misa no vuelve, que se ha enfadado con la parroquia y que se acabó. ¿La razón? Que ella no está dispuesta a rezar a un Cristo de espaldas.
Hace ahora unos meses, con motivo de la inauguración de la capilla de adoración perpetua, decidimos comprar una cruz procesional para la parroquia, y adquirimos una de madera tallada y policromada que nos pareció suficientemente digna. En la foto se puede ver dónde está colocada: en un lateral del altar mayor y vuelta al celebrante de forma que este, en la celebración de la eucaristía, pueda fijar su vista en el crucificado. Nos pareció un lugar adecuado y el día que se inauguró la capilla de la adoración perpetua, en la celebración de la eucaristía previa, tras la procesión de entrada, ya se colocó ahí con el beneplácito del señor cardenal y de los sacerdotes concelebrantes.
Sí. Del señor cardenal, de los sacerdotes, de mucha gente… pero no de la señora Joaquina que ha decidido que ella no está por la labor de rezar a un Cristo de espaldas. Se lo hemos explicado, le hemos dicho que la iglesia tiene un enorme crucificado a quien rezar, y que la función de la cruz procesional va más bien dirigida al celebrante. Es igual. Que no y que no.
¿Por qué cuento esto? La verdad es que es una anécdota sin importancia, pero significativa de lo que es el mundo parroquial. De repente un día caes en la cuenta de que Fulanito y Menganita, habituales de la parroquia semana tras semana, han desaparecido. ¿La razón? ¿Misas sacrílegas, predicación inconveniente, abusos litúrgicos, insultos a los fieles? No. Las razones pueden ser mucho más simples. Apunto algunas:
· El Cristo de espaldas, como Joaquina
· Se te olvidó nombrar a su difunto en el memento
· Las flores: no gustan las azucenas
· Hace tres meses que no se pone en el altar mayor el mantel que regaló su madre
· La negativa a colocar ese centro de flores de plástico que regaló con tanto cariño
· La cabezonería del párroco que no quiere colocar en la iglesia ese niño Jesús de Praga de metro y medio que tenían ofrecido regalar
· Que lea Maripili, que le cae fatal
· Los de Cáritas, que dan comida a una vecina que no lo necesita, que lo sé yo
· Cantar la salve en latín, serán antiguos…
· No cantar la salve en latín, parece mentira
· Que pidas silencio en una celebración
· O que no lo pidas
· Que los bautizos tengan que ser en el día que quiera el cura
· No publicar en la revista de la parroquia la poesía de mi nieto
Basta en ocasiones una cosa así para que te hagan cruz y raya y nunca más. Pues qué se le va a hacer.