sábado, 17 de septiembre de 2011

¿Por qué ir a Misa los domingos?

Reflexión del domingo 25 del tiempo ordinario ciclo A

ENEDICTO XVI A LOS NUEVOS OBISPOS: COMUNIÓN CON EL PAPA, AMISTAD CON LOS SACERDOTES, ACOGER LOS CARISMAS, SANTIDAD DE VIDA Y CARIDAD PASTORAL


B
El ministerio episcopal al servicio del sacerdocio común de los fieles
Hoy quisiera reflexionar brevemente con vosotros sobre la importancia de la acogida, por parte del obispo, de los carismas que el Espíritu suscita para la edificación de la Iglesia. La consagración episcopal os ha conferido la plenitud del sacramento del Orden, que, en la Comunidad eclesial, se pone al servicio del sacerdocio común de los fieles, de su crecimiento espiritual y de su santidad. El sacerdocio ministerial, como sabéis, tiene el objetivo y la misión de hacer vivir el sacerdocio de los fieles, que, por el Bautismo, participan a su modo en el único sacerdocio de Cristo, como afirma la Constitución conciliar Lumen gentium: “El sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio ministerial o jerárquico, aunque diferentes esencialmente y no sólo en grado, se ordenan, sin embargo, el uno al otro, pues ambos participan a su manera del único sacerdocio de Cristo” (nº10). Por esta razón, los obispos tienen el deber de vigilar y actuar para que los bautizados puedan crecer en la gracia y según los carismas que el Espíritu Santo suscita en sus corazones y en sus comunidades. El Concilio Vaticano II recordó que el Espíritu Santo, mientras unifica en la comunión y en el ministerio de la Iglesia, la provee y la dirige con diversos dones jerárquicos y carismáticos y la embellece con sus frutos (cfr ibid.,4). La reciente Jornada Mundial de la Juventud en Madrid ha mostrado, una vez más, la fecundidad de los carismas en la Iglesia, concretamente hoy, y la unidad eclesial de todos los fieles reunidos en torno al Papa y a los obispos. Una vitalidad que refuerza la obra de evangelización y la presencia de Cristo en el mundo. Y vemos, podemos casi tocar, que el Espíritu Santo, todavía hoy, está presente en la Iglesia, que crea carismas y unidad.


Lo esencial es que nos convertimos en hijos e hijas de Dios
El don fundamental que estáis llamados a alimentar en los fieles confiados a vuestro cuidado pastoral es, antes que nada, el de la filiación divina, que es la participación de cada uno en la comunión trinitaria. Lo esencial es que nos convertimos verdaderamente en hijos e hijas en el Hijo. El Bautismo, que constituye a los hombres “hijos en el Hijo” y miembros de la Iglesia, es raíz y fuente de todos los demás dones carismáticos. Con vuestro ministerio de santificación, educáis a los fieles a participar cada vez más intensamente en el oficio sacerdotal, profético y real de Cristo, ayudándoles a edificar la Iglesia, según los dones recibidos de Dios, en modo activo y corresponsable. De hecho, debemos tener siempre presente que los dones del Espíritu, por extraordinarios o sencillos y humildes que sean, se donan gratuitamente para la edificación de todos. El obispo, en cuanto a signo visible de la unidad de su Iglesia particular (cfr ibid., 23), tiene el deber de unificar y armonizar la diversidad carismática en la unidad de la Iglesia, favoreciendo la reciprocidad entre el sacerdocio jerárquico y sacerdocio bautismal.


No extinguir los carismas
Acoged, por tanto, los carismas con gratitud ¡por la santificación de la Iglesia y la vitalidad del apostolado! Y esta acogida y gratitud hacia el Espíritu Santo, que trabaja también hoy entre nosotros, son inseparables del discernimiento,que es propio de la misión del obispo, como ha afirmado el Concilio Vaticano II que ha confiado al ministerio pastoral el juicio sobre la autenticidad de los carismas y sobre su ordenado ejercicio, sin extinguir el Espíritu, pero examinando y teniendo en cuenta lo que es bueno (cfr. ibid., 12). Esto me parece importante: por una parte no extinguir, pero por la otra distinguir, ordenar y tener en cuenta examinando. Por esto debe estar siempre claro que ningún carisma dispensa de la referencia y de la sumisión a los Pastores de la Iglesia (cfr. Exhort. ap. Christifideles laici, 24). Acogiendo, juzgando y ordenando los diversos dones y carismas, el obispo realiza un gran y precioso servicio al sacerdocio de los fieles y a la vitalidad de la Iglesia, que resplandecerá como esposa del Señor, revestida de la santidad de sus hijos.


La cercanía con los sacerdotes es de extrema importancia
Os exhorto, por tanto, queridos hermanos, a permanecer siempre en la presencia del buen Pastor y a asimilar cada vez más sus sentimientos y sus virtudes humanas y sacerdotales, mediante la oración personal que debe acompañar vuestras difíciles jornadas apostólicas. En la intimidad con el Señor encontraréis consuelo y apoyo para vuestro comprometido ministerio. No tengáis miedo de confiar al corazón de Jesucristo todas vuestras preocupaciones, seguros de que Él os cuida, como ya amonestaba el apóstol Pedro (cfr 1Pe 5,6). Que la oración se nutra siempre de la meditación de la Palabra de Dios, del estudio personal y del justo reposo, para que podáis saber escuchar y acoger con serenidad “lo que el Espíritu dice a las Iglesias” (Ap 2,11) y conducir a todos a la unidad de la fe y del amor. Con la santidad de vuestra vida y la caridad pastoral seréis ejemplo y ayuda a los sacerdotes, vuestros principales e imprescindibles colaboradores. Será vuestra urgencia hacerles crecer en la corresponsabilidad como sabios guías de los fieles, que con vosotros están llamados a edificar la Comunidad con sus dones, sus carismas y con el testimonio de sus vidas, para que en la pluralidad de la comunión, la Iglesia de testimonio de Jesucristo y el mundo crea. Y esta cercanía con los sacerdotes, todavía hoy, con todos sus problemas, es de grandísima importancia. Confiando vuestro ministerio a María, Madre de la Iglesia, que brilla ante el Pueblo de Dios llena de los dones del Espíritu Santo, imparto con afecto a cada uno de vosotros, a vuestras diócesis y particularmente a vuestros sacerdotes, la Bendición Apostólica.

miércoles, 31 de agosto de 2011

Llegar a Dios a través de la contemplación de las obras de arte



2011-08-31 Radio Vaticana
RV- Esta mañana a las 10,30 el Santo Padre celebró la tradicional audiencia general de los miércoles, en la plaza de la Libertad de Castelgandolfo, donde transcurre este período de verano.

Al saludar a los peregrinos polacos en su propio idioma, el Papa les recordó que el tiempo de las vacaciones favorece el contacto con las obras de arte y de cultura. Y añadió que “el encanto de la belleza de la creación humana puede conducir a la contemplación de Dios, dador de todo bien y belleza, cuando junto a la admiración del genio del hombre descubrimos el soplo creador del Espíritu Santo”. Por esta razón les deseó que este estupor se experimente cada vez más.

Asimismo el Sato Padre dirigió un saludo cordial a los peregrinos húngaros, especialmente a los procedentes de Budapest y de Miercurea Ciuc, a quienes animó a “proseguir con generosidad en su empeño de testimonio cristiano, en la escuela y en la sociedad. Y pidiendo la intercesión de San Esteban, rey de Hungría, les impartió a todos ellos, y a sus familiares, su bendición apostólica.

Al saludar a los peregrinos eslovacos, el Obispo de Roma de dirigió de modo particular a los militares, policías, bomberos y miembros de la policía penitenciaria, a quienes animó a ser “fuertes en la fe siguiendo el ejemplo de su patrono, San Sebastián, a la vez que les pidió que sean servidores responsables de “la paz, la justicia y el bien común”.

También saludó cordialmente a los peregrinos croatas, especialmente a los alumnos del Liceo clásico arzobispal de Zagreb, a quienes deseó que cada uno cultive un sincero amor por Cristo y su Iglesia. De la misma manera, hablando en búlgaro el Papa dio su bienvenida a los jóvenes de la diócesis de Sofía, a quienes exhortó a ser valerosos testigos de Cristo en el ambiente en que viven.

A los fieles rumanos el Papa les aseguró su recuerdo en la oración, a fin de que puedan vivir “en plenitud y con alegría su fe cristiana”; mientras al dirigirse a los peregrinos de lengua italiana, saludó de modo particular a los Obispos amigos de la Comunidad de San Egidio, así como a los fieles procedentes de diversas parroquias, acompañados por sus párrocos y a los recién casados que asistieron a esta audiencia general, deseando a todos que este encuentro “refuerce en cada uno la renovada adhesión a Dios, fuente de luz, de esperanza y de paz”.

Traducción de María Fernanda Bernasconi - RV