miércoles, 1 de agosto de 2012

MOZART'S FINAL PIANO CONCERTO - No. 27 in B flat major, Allegro (first m...

la gran importancia de la oracion, sermon de San Alfonso

San Alfonso Mª de Ligorio, fundador de los redentoristas

   

REGLAS PARA SENTIR CON LA IGLESIA

[352] PARA EL SENTIDO VERDADERO QUE EN LA IGLESIA MILITANTE DEBEMOS TENER, SE GUARDEN LAS REGLAS SIGUIENTES.

[353] La primera. Depuesto todo juicio, debemos tener ánimo aparejado y pronto para obedecer en todo a la vera esposa de Cristo nuestro Señor, que es la nuestra santa madre Iglesia jerárquica. 


[354] La segunda. Alabar el confesar con sacerdote y el recibir del santísimo sacramento una vez en el ańo, y mucho más en cada mes, y mucho mejor de ocho en ocho días, con las condiciones requisitas y debidas.
[355] La tercera. Alabar el oír misa a menudo; asimismo, cantos, salmos y largas oraciones, en la iglesia y fuera de ella; asimismo, horas ordenadas a tiempo destinado para todo oficio divino y para toda oración y todas horas canónicas.
[356] La cuarta. Alabar mucho religiones, virginidad y continencia, y no tanto el matrimonio como ninguna de estas.



[357] La quinta. Alabar votos de religión, de obediencia, de pobreza, de castidad y de otras perfecciones de supererogación; y es de advertir que, como el voto sea cerca las cosas que se allegan a la perfección evangélica, en las cosas que se alejan de ella no se debe hacer voto, así como de ser mercader o ser casado, etc.
[358] La sexta. Alabar reliquias de santos, haciendo veneración a ellas y oración a ellos; alabando estaciones, peregrinaciones, indulgencias, perdonanzas, cruzadas y candelas encendidas en las iglesias.
[359] La séptima. Alabar constituciones cerca ayunos y abstinencias, así como de cuaresmas, cuatro témporas, vigilias, viernes y sábado; asimismo, penitencias no solamente internas, mas aun externas.
[360] La octava. Alabar ornamentos y edificios de iglesias; asimismo, imágenes, y venerarlas según que representan.
[361] La nona. Alabar finalmente todos preceptos de la Iglesia, teniendo ánimo pronto para buscar razones en su defensa, y en ninguna manera en su ofensa.
[362] La décima. Debemos ser más prontos para abonar y alabar así constituciones, recomendaciones, como costumbres de nuestros mayores, porque, dado que algunas no sean o no fuesen tales, hablar contra ellas, quiere predicando en público, quiere platicando delante del pueblo menudo, engendraría más murmuración y escándalo que provecho; y así se indignaría el pueblo contra sus mayores, quiere temporales, quiere espirituales. De manera que, así como hace dańo el hablar mal en absencia de los mayores a la gente menuda, así puede hacer provecho hablar de las malas costumbres a las mismas personas que pueden remediarlas.
[363] La undécima. Alabar la doctrina positiva y escolástica, porque, así como es más propio de los doctores positivos, así como de san Jerónimo, san Agustín y de san Gregorio, etc., el mover los afectos para en todo amar y servir a Dios nuestro Seńor, así es más propio de los escolásticos, así como de santo Tomás, san Bonaventura y del Maestro de las Sentencias, etc., el definir o declarar para nuestros tiempos de las cosas necesarias a la salud eterna, y para más impugnar y declarar todos errores y todas falacias. Porque los doctores escolásticos, como sean más modernos, no solamente se aprovechan de la vera inteligencia de la Sagrada Escritura y de los positivos y santos doctores, mas aun, siendo ellos iluminados y esclarecidos de la virtud divina, se ayudan de los concilios, cánones y constituciones de nuestra santa madre Iglesia. 
[364] La duodécima. Debemos guardar en hacer comparaciones de los que somos vivos a los bienaventurados pasados; que no poco se yerra en esto, es a saber, en decir: Este sabe más que san Agustín, es otro o más que san Francisco, es otro san Pablo en bondad, santidad, etc.
[365] La terdécima. Debemos siempre tener, para en todo acertar, que lo blanco que yo veo creer que es negro, si la Iglesia jerárquica así lo determina; creyendo que entre Cristo nuestro Seńor, esposo, y la Iglesia, su esposa, es el mismo espíritu que nos gobierna y rige para la salud de nuestras ánimas, porque por el mismo Espíritu y seńor nuestro que dio los diez mandamientos es regida y gobernada nuestra santa madre Iglesia.
[366] La cuatuordécima. Dado que sea mucha verdad que ninguno se puede salvar sin ser predestinado y sin tener fe y gracia, es mucho de advertir en el modo de hablar y comunicar de todas ellas.
[367] La décimaquinta. No debemos hablar mucho de la predestinación por vía de costumbre; mas, si en alguna manera y algunas veces se hablare, así se hable que el pueblo menudo no venga en error alguno, como algunas veces suele, diciendo: si tengo de ser salvo o condenado, ya está determinado, y por mi bien hacer o mal no puede ser ya otra cosa; y con esto entorpeciendo se descuidan en las obras que conducen a la salud y provecho espiritual de sus ánimas. 
[368] La décimasexta. De la misma forma es de advertir que por mucho hablar de la fe y con mucha intensión, sin alguna distinción y declaración, no se dé ocasión al pueblo para que en el obrar sea torpe y perezoso, quier antes de la fe formada en caridad o quiere después.
[369] La décimaséptima. Asimismo, no debemos hablar tan largo, instando tanto en la gracia, que se engendre veneno para quitar la libertad. De manera que de la fe y gracia se puede hablar cuanto sea posible, mediante el auxilio divino, para mayor alabanza de la su divina majestad; mas no por tal suerte ni por tales modos, mayormente en nuestros tiempos tan peligrosos, que las obras y líbero arbitrio reciban detrimento alguno, o por mucho se tengan.
[370] La décimaoctava. Dado que sobre todo se ha de estimar el mucho servir a Dios nuestro Seńor por puro amor, debemos mucho alabar el temor de la su divina majestad; porque no solamente el temor filial es cosa pía y santísima, mas aun el temor servil, donde otra cosa mejor o más útil el hombre no alcance, ayuda mucho para salir del pecado mortal; y, salido, fácilmente viene al temor filial, que es todo acepto y grato a Dios nuestro Seńor, por estar en uno con el amor divino.